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Después de haber admitido de querer intencionalmente
hacer contacto con Villeneuve en Jerez en 1997 y de
haber rechazado el pase en McLaren por culpa de Ron
Dennis, en su autobiografía cuenta cuando de
verdad pensó colgar el casco en la pared.
No es verdad que decidió retirarse en Indianapolis.
Tampoco es verdad que la decisión llegó
solo antes del GP de Monza.
Schumacher cuenta que fue a principio de temporada
que todo sucedió. Schumi marca la pole Nº
65, empatando el record de Senna, el último que
le faltaba a su colección. «Siempre me he emocionado
cuando me comparaban con la historia de Ayrton - cuenta
en el libro escrito por su portavoz, Sabine Kehm -.
Uno prefiere no decirlo, escondiendo sus propias sensaciones
para no aparentar ser vulnerable».
Es la señal: la sensación precisa de
que era el momento justo para salir. Sin arrepentimientos.
Una separación indolora después de 16
años que explica - se llevará dentro por
siempre. El problema era que la temporada había
apenas inciado.
Después de haber conquistado el último
record, las motivaciones para él se acabaron.
«Sabía que habríamos disputado un buen
campeonato - continúa - y también después
de esa pole la decisión de dejar la Formula 1
me parecía cada día más justa».
La tentación del piloto es la de quitarse rápido
el peso encima. Pero intervino Jean Todt, que lo convenció
a renviar el anuncio en septiembre, en ocasión
del GP de Monza. «Yo no habría tenido problemas.
Mas bien, me habría evitado esas escusas ridículas».
Por el contrario la tormenta de todas las entrevistas
empezaba ser obseviva. ¿Te retirarás?
¿Pero cuando te retirarás? «Lo repito:
apenas lo decida lo sabrán».
En Melbourne, tercera prueba del Mundial, un cronista
intenta lanzar el anzuelo: «¿Estás contento
que en el 2007 el GP de Australia inaugrará de
nuevo la temporada?». Schumi no cae: «No se si estaré.
En realidad - confiesa ahora - me pesaba manejar hasta
en los test».
Fuente: LaStampa.it
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